Se necesitan dos…

Para que haya pleito…se necesitan dos. Si uno discute, reclama, ofende, grita, pelea…y el otro calla, tiene paciencia, es comprensivo, disculpa, ama…Entonces no habrá pelea. Se necesitan dos para que la haya. El secreto está en  que, a veces me toca  aguantar y otras, quizás muchas más, las que me tiene que aguantar y quizás en aquello que a mí no me parece del todo “molesto” y sin embargo lo es. Se necesita una gran dosis de sencillez, reconocerse con defectos. Hay que poner los medios, primero para reconocerlos y después luchar contra ellos y pedir, sinceramente cuando sea necesario,  perdón. La verdad es que, en muchas ocasiones, nos molestamos por nada o casi nada; hacemos de aquella arena…una montaña. Otras tantas, perecería, que nos gusta aparecer como víctimas…      —aquí el que sufre soy yo— y después vienen los resentimientos que nos cuesta vencer para perdonar rápido y por todo. Hay que aprender a “dar la vuelta a la hoja” y continuar la vida, que bien vale la pena, vivirla en paz. Cuando se presenten las discusiones, que sean a solas; daña tanto a los hijos ver pelear a los padres. Hagámoslo a solas, respirar profundo, contar hasta diez o hasta cien… echar mano de la paciencia, escuchar con atención, evitar las burlas; poner verdadero interés en aquello que el otro reclama. Ofrecer disculpas y sonreír. Una sonrisa —sincera— distenciona las cosas. Un borrón y cuenta nueva. En el fondo está el cariño que nos hace olvidarnos de nosotros mismos y pensar en los demás.