Adolecentes

Dos para llevar
Tarde de sábado; paseo por la ciudad. Visita a los viejos barrios, donde parece que el tiempo se detuvo. La tienda de helados pareciera que quiere mantener el mismo anuncio adosado en la pared desde hace muchos años. Alrededor del anuncio se ha pintado últimamente y el anuncio de la tienda conserva su pintura original…como queriendo conservar la tradición. Un helado de nuez combinado con uno de mamey…una delicia. La tarde; digamos que engañosa; con amenaza de lluvia que no se concretaba. De ahí a otro viejo barrio…”el Expiatorio” a los tamales de “La Muñeca”; aprovechamos, que daban la última llamada, para oír la Misa, nos tocó boda…donde la novia no llegaba, así que el novio hizo “el paseíllo” solo, con todo y marcha nupcial. Después llegó la novia al final de la homilía…llegó rayando… El novio, con los nervios de punta; no era para menos, se equivoca en el “yo fulano de tal…y repite la palabras, tal cual, el Sacerdote le indica. Le dice; di tu nombre…y el novio repite obedientemente “Di tu nombre…” y todos en el templo se reían de la torpeza, muy explicada, del pobre novio.
Al final de la misa…los tamales en el La Muñeca…serían para la cena. Era aún muy temprano. Había que hacer cola; un chiquillo, quizás de unos 12 años, pidió dos “para llevar”. Uno fue para él y el otro se lo llevó a un indigente que, sentado en una jardinera, esperaba el “socorro” de algún transeúnte. El chiquillo, sin mediar palabra, entregó el tamal…un poco más tarde, para completar la obra…le llevó un refresco. Busque la cara de sus padres para ver su reacción pero todo parecía ser que fue idea suya.
A veces se pude hacer “tanto” con tan poco…



Adolescencia
Llega a una edad en la que el niño deja de serlo y no es todavía un adulto. Edad en que se produce una especie de ruptura de equilibrio en vista de un equilibrio nuevo y de la conquista de la personalidad, que harán poco a poco de este niño no sólo un joven o una joven, sino tal joven -chico o chica- determinado.

Resulta de esto un período de crisis que comienza, en general, hacia los trece años y que puede durar dos o tres.

Con frecuencia, en este período, los padres, que han olvidado por completo lo que a ellos mismos les pasó, se sienten desorientados, porque no reconocen ya a sus hijos. Lo primero que ha de hacerse es no asustarse. Se trata de una crisis normal, que pasará con tanta mayor rapidez y facilidad cuanto más los padres se esfuercen en comprenderla.
mas…



Disneylandia
Hicimos un gran esfuerzo por llevarlos a Disneylandia; compramos los boletos con meses de anticipación, y aun pasaremos algunos más para acabar de pagarlos –me contaba el atribulado padre- Durante el viaje su “gran preocupación” fue comprarse el “traje de baño” para poder usar el jacuzzi del hotel. No había, ni lo hubo, algo más interesante pese a que recorrieron el parque de diversiones más grande del mundo.
El problema tiene lógica; los niños de este siglo han nacido “transpirando” tecnología y su capacidad de asombro prácticamente la han perdido. Hoy, como ha sido y lo será; siempre, será mejor sentarse con ellos, uno a uno; tener el tiempo y la paciencia suficiente para atenderlos 100%, tratando de “ponerse en sus zapatos”; tarea nada fácil. Poniendo un mezcla de cariño y esmero; un poco de ingenio para captar su atención y caminar juntos, experimentando la vida juntos, creciendo juntos, construyendo juntos, anécdotas y experiencias. Esas…si esas y solo esas… las recodaremos toda la vida.


4 de abril del 2012
A propósito de leer
Ayer los vi a la orilla de la alberca, asoleándose y disfrutando de los días feriados. La madre y tres de sus hijos.  Cada uno con un libro en la mano, «devorándolos», enfrascados en sus lecturas. Qué bueno es inculcar a los hijos el hábito de la lectura; una vez adquirido no lo dejas nunca, se vuelve una pasión. Mi madre me contaba que se escondía de pequeña, bajo la cama, a devorar libros; hábito que nunca dejo. En alguna ocasión le oí comentar, ya en los ochenta, pocos años antes de morir; que lo que más sentía era no poder leer, que la vista se le hiciera «cansada». La lectura le abrió horizontes insospechados, le brindo la oportunidad de ser una «gran conversadora», recordaba con brillante claridad escenas de novelas leídas 20, o 30 años antes; como si la hubiera leído ese mismo día. La lectura jamás la dejó ser un ente solitario… siempre tenía compañía.


18 de febrero del 2012
El mito del cerebro inmaduro de los adolecentes
En muchos países parece que los chicos presentan creciente precocidad para el alcohol o la promiscuidad sexual, entre otras conductas peligrosas. Según una teoría, el cerebro del adolescente carece de la madurez necesaria para contener los impulsos. Otra posibilidad es que los jóvenes se limiten a hacer lo que se espera de ellos, o a no hacer lo que no se les pide. Esto es lo que sostiene Thomas Lickona, especialista en psicología evolutiva y profesor de Educación en la Universidad Estatal de Nueva York1.

Todos conocemos el enfoque pragmático de la educación sexual: “Hay que presentar la continencia como la mejor opción; pero seamos realistas y enseñemos también a usar el preservativo”. A lo que deberíamos responder: “¿Acaso cuando alentamos a abstenerse de las drogas, también enseñamos a los jóvenes a practicar el ‘consumo de drogas seguro’? Si estamos convencidos de que una conducta es perjudicial para uno mismo y para los demás, como sin duda es la promiscuidad sexual , ¿enseñamos a los jóvenes a practicarla de todas formas, o les enseñamos que nuestra convicción es realmente lo mejor para ellos y para la sociedad?”.

Por si la educación en la castidad no tuviera bastantes enemigos, temo que anda suelto por el mundo uno nuevo, que amenaza debilitar hasta el sentido común. Este nuevo peligro es el mito del “cerebro adolescente”. Estoy leyendo un libro titulado The Primal Teen: What the New Discoveries About the Teenage Brain Tell Us About Our Kids (“El adolescente primario: Lo que nos enseñan sobre nuestros hijos los nuevos descubrimientos sobre el cerebro adolescente”). Ahí se citan “expertos en el cerebro” que afirman cosas como esta: “Los adolescentes tienen pasiones más fuertes (…) pero no frenos, y tal vez no lleguen a tener buenos frenos [o sea, la maduración de la corteza prefrontal, necesaria para inhibir la conducta impulsiva] hasta los 25 años”.

Los adultos no son mejores

Hace unos meses hablé en un congreso sobre continencia en el que había un seminario sobre las implicaciones de las nuevas investigaciones en el cerebro. Cuando acabé la exposición, se levantó un médico que estaba en la mesa de presidencia y dijo: “Todos esos argumentos lógicos a favor de la continencia están muy bien, pero ¿qué eficacia tienen para un cerebro adolescente al que aún faltan diez años para completar su desarrollo?”.

Contesté que si trajéramos a la sala a cien chicos de 15 años elegidos al azar, podríamos alinearlos formando una progresión continua, desde los que nunca han tenido relaciones sexuales ni han hecho ninguna insensatez, hasta a los que tienen relaciones sexuales varias veces por semana y siguen otras muchas prácticas de alto riesgo. Todos sus cerebros tendrían más o menos la misma edad y el mismo grado de madurez cortico-prefrontal. ¿De dónde, entonces, la gran variedad en cuanto a comportamientos que piden la regulación de los impulsos? Añadí que cuando yo estaba en secundaria, no tuve relaciones sexuales con mi chica no por mi grado de madurez cerebral, sino por mis principios. Entre otras cosas, creía que era pecado mortal, y no estaba dispuesto a jugarme el alma.

De hecho, encuestas hechas en Estados Unidos muestran que los adultos de 35 a 54 años inciden en distintos comportamientos peligrosos en mayor proporción que los adolescentes. Es mucho más frecuente que mueran en accidente de automóvil, se suiciden, se emborrachen o ingresen en el hospital por sobredosis de droga.

Críticas científicas

Han comenzado a aparecer críticas científicas de las teorías sobre el cerebro adolescente. En septiembre pasado, The New York Times (17-09-2007) publicó en sus páginas de opinión un artículo de Mike Males, investigador senior del Center on Juvenile Justice y fundador de Youthfacts.org. Males decía: “Un alud de informaciones periodísticas anuncia con gran excitación que la ciencia puede explicar por qué los adultos tienen tantas dificultades para tratar con adolescentes: estos tienen cerebros inmaduros, no desarrollados, que los impulsan a comportamientos peligrosos, detestables, irritantes para los padres. Pero el puñado de expertos y responsables públicos que hacen tales afirmaciones incurren en exageraciones insensatas. Investigadores del cerebro más serios, como Daniel Siegel (Universidad de California en Los Ángeles) o Kurt Fischer (Programa Mente, Cerebro y Educación, de Harvard), advierten que los científicos están apenas empezando a averiguar cómo funcionan los sistemas cerebrales. “Naturalmente, se quiere usar la ciencia del cerebro para definir políticas y métodos, pero nuestro limitado conocimiento del cerebro impone muy severas limitaciones a ese empeño. En estos comienzos de su historia, la neurociencia no puede suministrar una educación basada en el conocimiento del desarrollo cerebral”, dice Siegel.

Robert Epstein, ex director de Psychology Today y jefe de colaboraciones de Scientific American, rebate así las teorías del cerebro adolescente: “Los adolescentes son tan capaces como los adultos en una amplia gama de cualidades. Se ha comprobado que superan a los adultos en pruebas de memoria, inteligencia y percepción. La tesis de que los adolescentes tienen un ‘cerebro inmaduro’, que necesariamente causa una crisis, queda totalmente desmentida si nos fijamos en la investigación antropológica que se hace en el mundo. Los antropólogos han encontrado más de cien sociedades contemporáneas en las que la crisis de la adolescencia falta por completo; en la mayoría de esas sociedades ni siquiera hay una palabra para designar la adolescencia.

Subir el listón

“Aún más contundentes son los estudios antropológicos de larga duración hechos en Harvard en los años ochenta: muestran que la crisis de la adolescencia comienza a aparecer en una sociedad donde no se daba a los pocos años de adoptar el sistema escolar occidental y estar bajo el influjo de los medios de comunicación occidentales. Por último, abundantes datos indican que cuando se da a los jóvenes verdaderas responsabilidades y la posibilidad de tratar con adultos, aceptan prontamente el reto, y aparece el ‘adulto que llevan dentro’” (Education Week, 4-04-2007).

El peor error que podemos cometer en educación -sin duda el peor en educación del carácter y en la castidad- es subestimar la capacidad de nuestros alumnos. Tengo una amiga que ahora es una dirigente del movimiento para educar en la continencia. Cuenta que en la adolescencia era promiscua. Era tan mal tratada en casa, que cometía pequeños delitos para poder disfrutar de la relativa seguridad que le ofrecía la cárcel. Allí fue a verla un orientador, al que habló de su insensata vida sexual. Él la habló con cariño y la incitó a comportarse con mayor dignidad y disciplina. Hoy es una mujer felizmente casada, madre y respetada educadora. Como ella dice: “¿Qué habría sido de mí si aquel orientador me hubiera dado un condón en vez de creer en mí?”.

Con el apoyo adecuado, los seres humanos, cuando se les proponen metas elevadas, tienden a esforzarse por alcanzarlas. La castidad es difícil, como todo lo que vale la pena en la vida. Es hora de que todos, escuelas y padres, subamos el listón.


20 de diciembre 2011
Vamos cambiando de piel
Una de las etapas más difíciles, sin duda, es la adolescencia. Parece que no encontramos nuestro lugar, nos da la impresión que todos nos rechazan, no entendemos lo que nos dicen. Sentimos temores y a veces somos arrojados. Nuestros sentimientos son con la piel del bebé; “muy delicados” con cualquier cosa nos ofendemos y al mismo tiempo somos capaces de decir las frases más hirientes. Lloramos por cualquier cosa y reímos por cualquier tontería. Somos capaces de soñar “las grandes aventuras” y a veces no somos capaces de hilar un par de ideas. Queremos estar acompañados y a veces nos sentimos solos entre la multitud. Llegamos a la conclusión de que el corazón duele. Sentimos celos, el odio no nos parece “tan malo”. Nos da flojera hasta levantar un pié. Le tenemos medio ―terror― a la muerte. Nos parece todo “tan incomprensible” y a veces vemos con toda claridad las cosas. Somos capaces de levantarnos al medio día y a veces sufrir de insomnio. Por temporadas preferimos evitar el baño, nos sentimos mejor con el cabello largo. Son tiempos donde cuestionamos a todo aquello que signifique autoridad. Estamos hechos bolas. A veces sentimos que no hay una sola alma en este mundo que nos quiera.
Sin embargo no estamos solos. Nos damos cuenta de que los demás nos necesitan. No somos el centro del universo. Con el tiempo; poco a poco, las cosas se acomodan. Nuestro carácter se va estabilizando. Las cosas las vemos desde otra perspectiva. Vamos cambiando de piel.
LFGN


6 octubre 2011
Primero mi hermano…
El 12 de enero de 2011, la señora Donna Rice y sus dos hijos, Jordan y Blake, de diez y trece años de edad, regresaban a casa después de hacer unas compras. Llovía mucho. Eran conscientes del mal tiempo que reinaba durante esa semana en la mayor parte del país, especialmente en la zona donde vivían, en los suburbios de Brisbane, la tercera ciudad más populosa de Australia. Lo que no podían imaginar era que en poco tiempo estarían rodeados sin remedio por el agua.
La tromba de agua que aquella tarde arrasó Toowoomba, en la zona oeste de Brisbane, fue descrita por testigos presenciales como un furioso tsunami que arrastraba automóviles, arrancaba árboles y destruía viviendas con enorme facilidad.

La familia Rice no tardó mucho en darse cuenta de que sus vidas corrían peligro. La madre llamó a los servicios de emergencia, que le recomendaron permanecer dentro del vehículo. Pero a los pocos minutos se vieron arrastrados por la corriente. Enseguida se encontraron con que estaban ya en esa delgada línea que separa la vida de la muerte. Finalmente el coche se detuvo, pero el nivel del agua seguía creciendo, por lo que Donna y sus dos hijos tuvieron que subirse al techo del automóvil. El conductor de un camión que pasaba por allí logró descolgarse con una cuerda y llegar hasta ellos. Tendió la mano a Jordan, pero su respuesta fue muy clara: “Salve primero a mi hermano”.

Así lo hizo aquel hombre, que logró poner a salvo a Blake, pero la cuerda se rompió cuando intentaba salvar a su madre y a Jordan, que fueron arrastrados aguas abajo. Pudieron aferrarse a un árbol durante unos minutos, pero enseguida fueron absorbidos por la corriente y perecieron.

“No puedo imaginar lo que pensaría mi hijo Jordan para dar su vida y salvar a su hermano, a pesar del miedo que había sentido siempre por el agua. Intento imaginar qué es lo que pasaría por su cabeza en aquellos momentos. Estaba muerto de miedo pero fue valiente y dio su vida por su hermano”, declaró su padre al periódico The Australian.

Esta historia, dramáticamente real, nos permite considerar un tema tan fundamental como es la capacidad de renuncia a uno mismo por amor al otro. Jordan Rice no dudó en pedir que salvaran primero a su hermano, probablemente con plena conciencia de que se jugaba con ello la vida. Su generosidad le permitió superar un estado de miedo en el que sin duda su instinto de conservación le empujaba a salvarse él primero. Su gesto es un claro testimonio de lo que puede ser capaz el hombre, una muestra de que en su interior hay siempre semillas de grandeza, arranques generosos que hacen el mundo más humano y más habitable, más llevaderas las penas que cualquier vida encierra.

Me pregunto, como su padre, por qué Jordan hizo aquello, qué pasaría por su mente en esos momentos. Su reacción sería, supongo, la de su modo de ser habitual. Aquel chico estaría educado en ese sencillo sentido de centrar la vida en los demás, habría aprendido a sacrificarse por ellos, a sentir lo de los demás como propio. Aquella familia, no sabemos si de mucha cultura pero desde luego de enorme sabiduría, quizá de pocas letras pero gigante en los valores que engrandecen la vida de los hombres, ha sido tierra fértil para que surja esa excelencia moral.

Toda persona, desde temprana edad, mantiene siempre la llave de acceso a sus decisiones más personales. Puede dar entrada a los mensajes que pretenden educarle, o bien rechazarlos y dar prioridad al egoísmo que también pugna por ganarse su corazón. Hay toda una serie de pequeñas y continuas decisiones en el alma del niño que van inclinando la balanza en uno u otro sentido, y que marcan sin duda su camino futuro. Hacerles ver que son protagonistas en esa dura y larga batalla interior es quizá uno de los principales deberes que tenemos los adultos cuando pensamos en educar.

Su vida ha sido breve, pero seguro que con más sentido y mejor vivida que muchas otras muy largas y relevantes, puesto que lo importante no es cuánto se vive, sino cómo se vive.


8 JUN 2011
La pureza de corazón
Nuevamente vuelvo a insistir en un tema que a veces lo pasamos por alto, pero que es de vital importancia.
Es verdad que ante la vida de los demás, ante actitudes que nos parecen extravagantes, extrañas, nos resulte placentero juzgar, a ver qué sucede con esa persona. Nos gusta enterarnos de todos los detalles, de cuánto ha hecho el del lado, para después, con la información que tengo, crucificarlo con la lengua…
No nos damos cuenta cómo, es triste decirlo, del chisme, de la murmuración, vamos haciendo temas que incluso nos llenan el día…
Es muy triste, amigos, hablar y hablar y nunca decir algo que esconda “amor”….

http://www.encuentra.com/articulos.php?id_sec=110&id_art=6779&id_ejemplar=0


3 feb 2011
La Moda para una adolecente
“Un día me vestía como hombre, con jeans y camisetas viejas… Al otro me disfrazaba de señorita, con medias y pollera escocesa”. Así recuerda una mujer adulta -con fama de elegante y bien vestida- su tránsito desde una cuidada infancia hasta una autónoma adultez. Y agrega: “Todas las mañanas amanecía mi ropa sobre una silla. Pero eso cambió sin aviso. Fui donde mi madre y le pregunté: ¿y hoy qué me pongo? Ella me dijo: ¡Lo que tú quieras! Sola frente al ropero, me sentí tan grande”.

Bueno…. la mujer de la historia pasó mucho tiempo sin saber qué quería usar. Porque, aunque no lo parezca a primera vista, cuando una persona elige su ropa también elige quién quiere ser.
http://www.encuentra.com/articulos.php?id_sec=107&id_art=5221&id_ejemplar=0


17 ene 2011
El Silencio de los adolecentes

“A veces siento que hablar con las murallas es más fácil que sacarle palabra a mi hijo”, dice una madre que luego agrega: “cuando responde con monosílabos siento que hemos tenido una larga conversación”.
Claramente esta es la etapa del silencio donde la nueva forma de comunicarse es el mutismo y en el mejor de los casos las frases entrecortadas. Quienes se libran de caer en esta etapa son muy pocos, y por lo mismo, es normal ver a tantos padres desesperados con la indolencia de sus hijos. Tomar conciencia de qué se trata y por qué sucede es una buena ayuda, pues así es posible aprender lo positivo, que en éste caso, no es poco.
http://www.encuentra.com/articulos.php?id_sec=107&id_art=5219&id_ejemplar=0
 
 

21 dic 2010
Megamind
Para todo el público
Ser villano nunca es suficiente
Película de villano con homenajes a Superman, el último film del director de Madagascar resulta simplista y convencional.
http://www.almudi.org/Peliculas/tabid/61/ctl/Detalle/mid/399/pid/2380/ppid/0/Default.aspx
  

 
 
 
 

A lion being used to represent Aslan

Las Crónicas de Narnia: La travesía del Viajero del Alba
Mientras prosigue la II Guerra Mundial, Lucy y Edmund Pevensie son de nuevo trasladados a Narnia, esta vez en compañía de su insoportable primo Eustace, que desprecia los cuentos de hadas. Ya en el mágico reino, se reencuentran con el antiguo Príncipe Caspian, ahora convertido en rey. Y todos se embarcan en la búsqueda de las siete espadas de los caballeros expulsados por el usurpador Miraz. Surcarán así mares desconocidos a bordo del velero El Viajero del Alba, encontrando en su odisea traficantes de esclavos, sirenas, enanos, islas encantadas, dragones, serpientes marinas y al mítico león Aslan, que ayuda a estos heroicos chavales cuando son puestos a prueba.
http://www.aceprensa.com/articulos/2010/dec/03/las-cronicas-de-narnia-la-travesia-del-viajero-del-alba/