Retar a Microsoft…

La primera computadora que llegó a nuestras manos era blanco y negro y tenía, si mal no recuerdo, apenas 34 k de memoria. Eso era nada o menos que nada, cuando hoy se habla de memorias en terabytes y aprendimos juntos como la nueva tecnología se iba incorporando… y un día se cruzaron nuestras curvas; cuando la mía venia “a menos” la suya remontaba. En este tema deje de ensañar; la tecnología me superó y ahora el maestro es otro y dice, cuando trato de sacarle recursos a la tecnología, —con esto retas a Microsoft…— Se dice que esta es la primera generación que educa, en tecnología, a la que les precedió y es cierto y en mucho se debe a la velocidad de los cambios. Y hablando de “cambios” hay cosas y no son pocas, que no cambian, aunque parezca que cambia todo. Hay cosas; valores, que son inmutables y esos habrá que seguir enseñando con esa “gracias de estado” que tenemos los padres para educar a los hijos; ya sea con la palabra oportuna o con el ejemplo que les hable con “congruencia” que tanta falta hace en esta sociedad en la que se discute y se cuestiona todo.
De vez en cuando vale la pena “retar a Microsoft”

Caracterología

Los padres de familia somos los “formadores” de nuestros hijos; tenemos ese derecho y esa obligación. La caracterología nos ayudará a tratar de conocerlos a cada uno, a respetar su propia personalidad, a poner, lo mejor de nosotros mismos, para ayudarles a superar los retos de la vida; a tratarles a todos, sin excepción, con un enorme cariño¬¬ y con mucha paciencia. Nuestra actividad de “formadores” no termina nunca y habremos de formarles con la palabra y con el ejemplo mientras tengamos vida. Vale la pena.
LFGN

Cada persona es como es, como Dios la hizo y con la historia de su vida. Puede ser una persona que tiene una fuerza de voluntad enorme, o una que tiene una voluntad débil; una con una inteligencia clara, viva, ágil, o una que hay que decirle las cosas con mucha sencillez y claridad porque no capta fácilmente las ideas. Hay la persona activa y la dada a la inactividad. El emotivo y el no emotivo. Estos rasgos constituyen el temperamento con que todo ser humano nace, pero que moldea, ajusta o perfecciona, de acuerdo a la educación y experiencias que tiene durante toda su vida, formando así su carácter y personalidad, que viene siendo la manera de ser habitual de la persona, lo que le diferencia de los demás.

El Temperamento. Es un fenómeno de la naturaleza emocional de un individuo que condiciona sus reacciones psicológicas y fisiológicas. Incluye la susceptibilidad a la estimulación emocional, la velocidad e intensidad con que habitualmente reacciona, la cualidad del estado de ánimo dominante y sus características. El temperamento es lo que la persona ha recibido de la naturaleza, pero no es todo el individuo. Se tiene que considerar lo que se conquista por la educación y por la propia experiencia. “El hecho de que el temperamento esté fundamentalmente determinado por la herencia no supone que sea inmodificable y esto es importante de tener en cuenta” (Felix Acha Irizar, Introducción a la Psicología, p. 205). La integración de todos los rasgos y características del individuo (somáticas, intelectuales, temperamentales), las condiciones ambientales y las experiencias afectivas y educacionales que experimente, van a determinar su propia forma de comportarse.

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Poner cada cosa en su lugar…

Se dice fácil…”Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”…cuesta…y mucho. Hacer del orden un hábito; cuesta trabajo y para muchos, me incluyo, mucho trabajo… El hábito se logra con la repetición de actos; una vez y otra vez…llueve o truene —tengo que poner las cosas en su lugar— Es obvio que ya determiné y lo fije en mi mente, primero que nada; “un lugar para cada cosa”. —Es que son muchas cosas…— si…son muchas cosas— pero para eso hay que empezar con una o dos… y ver cómo vamos (me auto examino con frecuencia… corrijo y vuelvo a empezar) y después otras dos y al cabo de unos días habremos ubicado muchos lugares, para muchas cosas. —es que cuestas mucho…— sin duda…pero cuesta más remediar nuestros errores, fracasos y tropiezos que hemos tenido por la falta de orden.

La verdad es que todo empieza por tener orden en la cabeza…orden en la ideas, orden en los afectos y aplicar aquello de…”lo primero es lo primero” y aquí entra en juego la escala de valores que cada uno tiene o que pretende tener. No podemos tener una anarquía en la cabeza…no iríamos a ningún lado. La naturaleza es muy sabia y le pide al cuerpo alimento que lo convierte el energía y con esa energía caminamos, nos ejercitamos. No podemos caminar sin energía. Necesitamos “un marco” de referencia; un par de “ideas madre” que sostengan el edificio. Así las cosas se nos harán más fáciles y sobre todo…y eso es muy importante, se las haremos más fáciles a los demás y no al revés.

¿Tú ya tienes tu par de ideas madre…?

El Colibrí

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No ha cumplido siquiera los seis meses de que se fue…La pena sigue latente; quizás ha pasado el primer paso: el coraje, la rabia, la negación…aún faltan otras etapas para superar el duelo, pero por lo pronto esta pena arrasa con todo, parece insuperable. No se encuentra explicación…preguntas sin respuesta… ¿Por qué a mí…?. Ese ahí cuando más hace falta la solidaridad, la cercanía, “el estar ahí…” el dar la mano…sin decirnos nada…
La madre no se recupera por la pérdida de su hijo. Quiere dejar, en la casa, todo como estaba. No se atreve a ver o mover sus cosas. Cuánto duele la ausencia… No hay nada que mitigue su dolor. No hay futuro, solo un doloroso presente y un triste y nostálgico recuerdo.
—Mamá ven…— le dice la hermana. —tienes que venir — y la obliga a subir a su habitación; un pequeño colibrí vuela por toda la habitación moviendo rápido sus alas y ambas, sin decirlo, se preguntan ¿cómo entró en la habitación si estaba cerrada…?
Ha llegado el momento, le han dicho en la terapia, de “dejarlo ir” ya es hora… la vida tiene que seguir.