¿Virtudes o Valores?

La cena transcurría en medio de conversaciones sobre el trabajo, los problemas laborales, los impuestos; temas propios del gremio de industriales que se reunían, como todos los meses, en la sede de su organización para tener un encuentro, más social, que de trabajo. El tono de la voz de los comensales subía y bajaba entre mesa y mesa. El personal de servicio apuraba repartir los postres porque el final de la cena estaba cerca. Llegaba el momento de los discursos y de las intervenciones de los invitados. El que presidía la organización dio la bienvenida a todos y saludo a los invitados. Después de relatar las actividades de su organización empresarial durante el último mes; llego el momento de presentar al invitado de honor. Después de leer un breve resumen de sus logros profesionales, presento a Juan. Por lo visto Juan era conocido por buena parte de los comensales, quienes lo recibieron con aplausos. «A mí en lo personal me gusta; más que de valores, hablar de virtudes» y explicó que todos podemos tener una “escala de valores” distinta a la de los demás. Para uno, la salud será lo más importante, para otros la fama o el dinero y así podríamos seguir enumerando “valores” que para cada quien pueden tener más o menos importancia y Juan, en esa noche explicaba a los asistentes “qué virtudes recomendaba que tuvieran como empresarios” y así hablo de algunas de ellas; como la solidaridad, la lealtad, la sinceridad, la justicia, la honestidad… al final de su exposición no se hicieron esperar los aplaudas. Hubo algunas preguntas al conferencista y al final tomó la palabra Leonardo y le explicó, que más que una pregunta, lo que quería hacer era un comentario «Juan quiero darte la gracias; hoy tengo una visión más clara del compromiso que tengo como empresario ante mi familia, ante el gremio al que pertenezco y ante la sociedad. Te lo agradezco.
¿A qué viene todo esto? A querer hablar un poco de cada una de “esas virtudes de las que esa noche hablo Juan y no de los valores”. Antes de empezar quisiera aclarar que la virtud se alcanza con la repetición de “actos operativos buenos”. Si repetimos actos operativos “malos” acabaremos adquiriendo; no una virtud, sino un vicio. Y hay que recordar que se alcanza la virtud, a base de repetir una y otra vez aquel acto bueno para, con el tiempo y no sin esfuerzo, adquirir una virtud.
Y para empezar, si no hay inconveniente, empezaría por el “orden” y no es que no haya virtudes más importantes. Es que estas líneas estarán dedicadas a “la familia”, y por tanto empezaría por el “orden”; virtud que inculcamos a los hijos desde que son bebes, para ellos es su primera virtud; les inculcamos a tener un horario para tomar sus alimentos, para dormir, para tomar el baño y así poco a poco vamos “formando” a nuestro bebe en su primera virtud; si logramos esto, que parece tan sencillo, habremos dado un gran paso en su formación. Recordemos que los extremos no son siempre buenos; hay que buscar el “justo medio”, la persona que no es ordenada puede causar tantas molestias como la que exagera y hace del orden una obsesión. Según el Dr. David Isaacs, profesor de Pedagogía de la Universidad de Navarra, «es aconsejable que los niños hasta los 7 años de edad hayan desarrollado tres virtudes importantes, sobre las que se pueden asentar las demás. Estas son: el orden, la obediencia y la sinceridad. La familia es la primera escuela de virtudes, por lo tanto, los padres tienen la obligación de promoverlas»
Cuando los padres no son “tan ordenados” como debiera ser, no debe ser motivo para renunciar a la tarea de formar a los hijos en la virtud del orden; quizás convenga que padre e hijos luchen juntos por adquirirla.
El orden es importante para mantener en casa un ambiente hogareño organizado y armonioso. El orden también ayuda a mejorar la distribución del tiempo. Para ello hay que diferenciar entre lo urgente, lo importante y lo que puede esperar. Aunque inicialmente resulte difícil, es indispensable que los padres ayuden a los hijos a establecer prioridades, incluso en los afectos. Esto facilitará el cumplimiento de las obligaciones, les permitirá un mejor aprovechamiento de su tiempo y por tanto un pleno desarrollo.
¿Virtud sin orden? — ¡Rara virtud! (Camino 79)